Sentirse persona…

He de reconocer que no me gusta afeitarme, aunque muchos ya lo habríais deducido. He llevado barba, perilla, y en los últimos 20 años casi me cuesta recordar las pocas veces que he llevado las patillas cortas. Soy así. Lo normal es encontrarme en el restaurante con barba de una semana, y no precisamente una barba de esas bien cuidadas y muy casual. No me importa que mi barba o mi peinado no sean los mas “bonitos”, porque lo que tiene que hablar de mi es lo que cocino. ¿La imagen cuenta? Mucho, pero la libertad de “arreglarme” para pasar mi tiempo libre con las personas que más quiero vale aun más.

No solo en la cocina, en todo, si es solo imagen suele estar hueco por dentro. Me Importa la coherencia.

Cuando me afeito, por un momento, vuelvo a sentirme persona. No es que no lo sienta el resto del tiempo, pero en ese momento que la cuchilla descubre un poco de mi blanca piel me vuelvo a sentir en casa. Es el primer rato de la semana que tengo para poder mirarme detenidamente en el espejo. ver si una semana de curro a hecho más estragos en mis ojeras o la necesidad de volver a ir al peluquero.

La cocina te absorbe, te llena y te lleva bien dentro de ella hasta el punto que aveces te olvidas de ti mismo. Por eso en ese instante, cuando me afeito, vuelvo a sentirme persona. Y a pesar de todo solo puedo decir: Me encanta cocinar, ¡lo necesito!

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